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Sociedad de la Información, modernidad y cultura de masas

Mi nuevo texto, presentado a finales de Diciembre y publicado por el Consejo de Publicaciones de la Universidad del Zulia de 2010, hace una revisión de las tendencias de la sociedad de la información en el mundo y especialmente en América Latina, analiza el papel de las tecnologías y de la cultura de masas en las sociedades actuales y su incidencia en las nuevas formas de saber y de producción de conocimiento.

Las principales ideas se resumen en la siguiente introducción:

Este texto aparece en un momento complejo y  de mucha incertidumbre, en el cual se están produciendo grandes cambios  en el campo de la comunicación, la información y la cultura como producto de la incidencia de las transformaciones políticas, sociales y tecnológicas que se comenzaron a perfilar después de la II Guerra Mundial y alcanzaron su máxima expresión a partir de la mitad de los años ochenta, con la popularización de las tecnologías de la información y la comunicación.

Por ese motivo, bajo el título "Sociedad de la Información, posmodernidad y cultura de masas", la obra pretende pasearse por estos tres ejes de conocimiento de las Ciencias Humanas para abordar, desde una perspectiva crítica y analítica, los diversos temas vinculados con ellos, poniendo especial énfasis en el enfoque latinoamericano.

Los planteamientos realizados a lo largo del trabajo se organizan en torno a los objetivos de la línea de investigación "Comunicación, Educación, Información y Nuevas Tecnologías", del Doctorado en Ciencias Humanas de la Universidad del Zulia, fundada  y coordinada por la autora desde 2002, donde ha existido siempre una inquietud por las aristas educativas, comunicacionales, informativas y sociales de la presencia de las tecnologías de la información y la comunicación en nuestras sociedades regionales y de cómo comprender lo que está pasando para proponer alternativas de mejoramiento y transformación de la realidad social.

La investigación se desarrolló a lo largo de año y medio, tiempo durante el cual se logró revisar bibliografía, documentos e informes que permitieron acopiar la información necesaria y actualizada hasta Octubre de 2009; en virtud de que algunos de los aspectos vinculados con la sociedad de la información y los medios en América Latina han ido cambiando en los últimos meses con la aprobación de nuevas Leyes y reglamentos, como el caso de Argentina y Venezuela, es posible que al aparecer a la luz pública este libro, no se recojan las últimas modificaciones, riesgos que se corren cuando se trabaja con una realidad tan cambiante como esta.

En concreto, el libro en su I Parte hace referencia a tema de la Sociedad de la Información para detenerse en sus orígenes, evolución histórica, conceptos, naturaleza, caracterización. También se aborda en esta parte las tendencias de la sociedad de la información en el mundo, en América Latina y en el caso específico de Venezuela, para lo cual se recurre a datos y a análisis de reglamentos diversos que definen las políticas seguidas por los países de la zona para el desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación, las telecomunicaciones y los medios masivos. Para terminar con una revisión de los obstáculos que se le presentan a esta región para el disfrute y acceso a la sociedad de la información por parte de sus ciudadanos.

En una II Parte, en un abordaje ya más teórico, se trata el tema de la posmodernidad como contexto histórico contemporáneo y su vinculación con las tecnologías informáticas y digitales, partiendo de analizar el papel que ha tenido la técnica y los medios masivos en el período de la modernidad occidental,  para posteriormente abordar cómo la posmodernidad representa un período de ruptura con la lógica de la modernidad y cómo las nuevas tecnologías se constituyen en uno de los rasgos fundamentales de las sociedades actuales.

En una III Parte, el trabajo se detiene en una revisión de cuáles son las articulaciones entre la posmodernidad como etapa actual y las manifestaciones de la cultura de masas en las sociedades dinámicas de hoy en día, para lo cual se puntualiza en cuáles son las transformaciones que sufren las industrias culturales y los medios en el entrono de la cultura de redes digitales, así como cuáles son las vías de participación cultural que se han abierto en esta era digital, las nuevas modalidades de la cultura masiva y las manifestaciones de las tecnologías de la información y la comunicación en la vida urbana contemporánea.

         También se insiste, ya al final,  que en este nuevo milenio y en medio de las grandes paradojas que se presentan entre los intereses de las industrias culturales, de las industrias de las tecnologías digitales y la sociedad civil, se hace necesario mirar con perspectiva de futuro hacia la sociedad del conocimiento y no solo de la información para vislumbrar nuevas formas de comunicación e información del saber y el conocimiento, a través de las tecnologías de la información y la comunicación, que harían posible la apropiación social de ellas, la inclusión social de los grupos más desfavorecidos y la participación en la producción de saberes populares.

         La intención que motivó la escritura de este texto, es haber comprendido que si bien las tecnologías de la información y la comunicación representan grandes peligros para las sociedades que las adopten sin reflexiones críticas y vigilantes, también ofrecen excelentes oportunidades para lograr aplicaciones innovadoras que ayuden a resolver problemas sociales de nuestro entrono, siempre y cuando su utilización esté guidada por un proyecto integral de desarrollo tecnológico y social adecuado a las condiciones contextuales de nuestras sociedades.

         Negar que las tecnologías digitales e informáticas y que los medios masivos ocupan hoy un lugar importante de la vida de las personas, tanto en los países desarrollados como en los de América Latina, es poner un gran obstáculo para intentar no solo explicar qué es lo que está pasando con el avance tecnológico sino para comprender lo que está ocurriendo y proponer alternativas que permitan utilizar los cambios para incluirnos con acierto en la sociedad de la información, aprovechando nuestras ventajas sociales y culturales.

         Precisamente este libro apuesta por ello...

 

 

 

 

Maracaibo,  9 de Febrero de 2010

Sociedad de la información, Internet y Políticas Culturales en América Latina

Sociedad de la información, Internet y Políticas Culturales en América Latina Migdalia Pineda de Alcázar Universidad del Zulia Venezuela. alcazar@iamnet.com ,   migdalia.pineda@interlink.net.ve  , alcazar@andorra.commigdaliapineda@interlink.net.ve        RESUMEN: La ponencia tiene como objetivo analizar el papel de la comunicación y de la red Internet en el contexto de la diversidad cultural y social para abordar el tema de cómo el derecho a la diferencia cultural, se confronta con el derecho a la igualdad comunicacional. Se hace referencia a las contradicciones que la sociedad de la información y la globalización plantean en lo cultural y comunicacional, y se concluye indicando algunas garantías indispensables para redefinir una política cultural del equilibrio entre la diversidad y la igualdad, que tenga como eje central la potenciación de la comunicación a través de las redes digitales. Metodológicamente se realizará un análisis crítico- conceptual, basado en una investigación bibliográfica y documental donde se revisan autores latinoamericanos y españoles como Alsina, Yúdice, Moragas, Barbero, Ford, entre otros. Los resultados podrían servir como lineamientos o propuestas para redes de la sociedad civil, ONG, instancias gubernamentales u organizaciones interesadas en políticas culturales. Palabras claves: Sociedad de la información/ Comunicación e Internet/ Políticas culturales/ América Latina Introducción. Esta ponencia plantea el tema sobre el papel de las comunicaciones y de la red Internet, en la definición de las políticas culturales en la sociedad de la información e insiste en la necesidad de lograr un equilibrio entre el derecho a la igualdad y el respeto a las diferencias. Para lograr tal cometido, el trabajo parte en su primer apartado de un análisis de las contradicciones que se plantean entre el concepto de igualdad social, comunicativa y humana y el concepto de diversidad cultural, y el rol que podría jugar Internet para fomentar las comunidades de comunicación. Para continuar en un segundo apartado, haciendo énfasis en la existencia de las desigualdades o brechas, de las barreras de acceso al disfrute de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) y del predominio de intereses económicos-tecnológicos por encima de los culturales y sociales, como producto del proceso de globalización que tiene lugar en el seno de la sociedad de la información. Finalmente, la investigación señala algunas propuestas y condiciones necesarias para la definición de políticas culturales democráticas y pluralistas, recalcando el rol que podría jugar Internet en el fomento de la comunicación y el diálogo en la confrontación multicultural. 1.- La comunicación por Internet, el derecho a la igualdad y el respeto a la diferencia. El problema del respeto a los derechos sociales y políticos ( derecho a bienestar económico, seguridad ciudadana y calidad de vida) y de los denominados derechos de tercera generación o de carácter geopolítico o cultural, como los relativos a la autodeterminación de los pueblos, al pluralismo y la diferencia y el respeto a las minorías étnicas y sociales (Pineda, 2003b), en las sociedades contemporáneas no puede ser pensado al margen de la comunicación como instancia humana que en su concepción filosófica reconoce que todos los individuos son iguales y, en consecuencia, están en capacidad de establecer una “puesta en común” o diálogo de reconocimiento mutuo con miras a concretar una acción social en pro del logro de aspiraciones colectivas. La comunicación podría ser , pues, la garantía para la participación igualitaria, democrática y libre, y en ese sentido todos seríamos iguales. Pero el análisis no puede ser así de simple, las contradicciones sociales son tan fuertes que aún en lo comunicacional no todos los hombres son iguales o al menos no disfrutan del mismo derecho a plenitud, por no tener acceso y participación en igualdad de condiciones, Si bien, la comunicación parece ser lo que nos homologa en cuanto a nuestra condición humana y como ser social. Hoy se habla más de la diversidad y lo disímil, al reconocer que cuando se considera las implicaciones culturales de nuestras acciones comunicativas se debe tener presente que si bien “todos los hombres son iguales”, todas las culturas no lo son (Yudice, 2000:24). Al considerar lo cultural como pleno de valores, representaciones e ideologías, el panorama se complica y el derecho a la igualdad se vuelve relativo en su interacción con el derecho a la diversidad, actualmente tan reivindicado en la sociedad de la información. Ello obliga a interrogarnos ¿cómo inscribir la diversidad que es la expresión de la cultura, en un mundo globalizado lleno de interacciones planetarias mediante las redes, y cómo compartir y poner en común a culturas diferentes?. El tema de la reconciliación de los intereses a través del diálogo cultural resulta tan complejo, hasta el punto de que muchos autores reconocen que las democracias modernas, como sociedades desiguales, pueden resultar inviables (Mata, 2002:74), por sus paradójicas relaciones y sus diferencias radicales; en teoría todos somos iguales pero en la práctica y culturalmente hablando no. Frente a esa situación, autores como Hassanain (1995:25), citado por Alsina (2001:78) insiste en que debemos reivindicar más que el derecho a la diferencia, el derecho a la similitud no con nuestro grupo de origen sino con otros grupos culturales...para destacar que lo que se debe reivindicar son las posibles similitudes con grupos ajenos y las diferencias con el propio grupo ya que sólo así estamos asumiendo la posibilidad de la diversidad, lo heterogéneo, para evitar que un criterio sustentado en la insuperabilidad de las diferencias culturales se constituya en un elemento de exclusión o en fronteras inflexibles. De modo que el diálogo, la comunicación entre pares e impares cobra relevancia porque permite la horizontalidad de las relaciones sociales (Campos y Espinoza, 2001/2002:33) y el consenso, en términos habermasiano, pero también da cabida a la aceptación del disenso, del pluralismo, de la diversidad como posible efecto del diálogo (Campos y Espinoza, 2001/2002:43). El respeto a la diferencia del otro, que es mi igual pero al mismo tiempo distinto, obliga a un reencuentro entre el enfoque cultural -que reivindicada la diferencia mediante la identidad cultural y el enfoque comunicativo, humano y social que nos habla de la igualdad y la comunidad, en un contexto cada vez más complejo por la presencia de infraestructuras tecnológicas que no son de libre acceso y uso para todas las personas. En virtud de la importancia que ha ido adquiriendo la red de redes- Internet- como espacio para la creación de “comunidades de comunicación” (Galindo Cáseres, 2000), que pueden establecer relaciones de diálogo y comunicación entre individuos de distintas culturas, razas, grupos étnicos y género y que se encuentran en condiciones de mayor igualdad en el ciberespacio, resulta fundamental considerar el papel de esta red para fomentar de una manera más armoniosa un equilibrio entre el derecho a la igualdad que reclaman aquellos que no tienen acceso y participación a la comunicación mediante redes y aquellos que consideran que, a pesar de la globalización cultural que ellas pueden hacer posible, se deben respetar las diferencias culturales. De modo que las comunidades virtuales a través del ciberespacio establecen relaciones reticulares que conjugan las diferencias culturales de grupos diversos de la sociedad civil global con el respeto a la igualdad de participación y uso de redes como Internet, para favorecer la comunicación horizontal y el diálogo entre diferentes. 2.- La sociedad de la información: riesgos y contradicciones. Sin embargo, las profundas contradicciones que existen en la sociedad actual como las desigualdades, distancias o abismos entre países ricos y países pobres; las barreras de acceso para el disfrute de las tecnologías de la información y de otros beneficios sociales (salud y educación); la globalización de los mercados y el predominio de lo tecnológico por encima de lo cultural, dificultan cualquier reconciliación entre el derecho a la diferencia cultural y el derecho a la igualdad comunicativa. Teniendo en cuenta esa realidad, realizaremos un análisis de cada una de estas contradicciones para posteriormente proponer algunas alternativas. 2.1. El problema de las desigualdades o abismos en la sociedad de la información: La “brecha digital” se manifiesta en la desigualdad de acceso a la información, al conocimiento, a la educación a través de las tecnologías de la información. Pero estas distancias no son solamente de carácter tecnológico sino que también inciden factores socioeconómicos, políticos y culturales y son el reflejo deinfraestructuras de telecomunicaciones o informáticas deficientes e incluso de ausencia de políticas públicas al respecto. Además, las desigualdades no son sólo de acceso tienen que ver también con los contenidos que las personas pueden obtener, producir y colocar en las redes telemáticas. Existen profundas distancias en cuanto al origen de la información, ya que la mayoría de los “host” o servidores están ubicados y pertenece a países desarrollados, mayoritariamente a los Estados Unidos, desde donde se acopia, clasifica y dirige los datos e informaciones que circulan por las redes .Lo cual produce, a su vez, brechas lingüísticas porque la mayoría de las bases de datos y materiales de Internet están en idioma inglés (Moragas, 2003). Esas brechas pueden crear enormes diferencias entre la calidad de vida de los países del mundo, divididos en inforricos e infopobres (Trejo, 1996): los primeros con una alta densidad de “conectados” y una creciente industria de fabricación e investigación tecnológica, mientras que los segundos con altos grados de dependencia tecnológica y una baja densidad de “conectados”. Incluso, los abismos pueden llegar, en el interior de los países, a presentar ventajas para algunos sectores, los grandes usuarios (ministerios, universidades, bancos, agencias de viaje) en detrimento de otros sectores o pequeños usuarios, y pueden llegar a establecer diferencias entre individuos o ciudadanos como las mujeres, niños, minorías étnicas y sexuales. A pesar de disponer de un alto desarrollo tecnológico y de flujos muy grandes de información, el acceso a la información y el conocimiento sigue siendo restringido entre otras causas debido al atraso tecnológico de los países en desarrollo, los altos costos de conexión a las redes, la imposibilidad económica de la mayoría de las personas para comprar computadoras o acceder a Internet e, incluso, de acuerdo con Cubiles (2000), a razones de raza o sexo. Porque como lo indican algunos autores (Crovi, 2002:40), el acceso no sólo depende de la infraestructura disponible sino de la habilidades de la población para manejar los nuevos desarrollos tecnológicos. En Venezuela, por ejemplo, apenas un 6,3% del total de 24 millones de la población accede a Internet. Y de los menores de 24 años solo un 2,4% (alrededor de unos 400 mil), según cifras de la encuestadora venezolana, Datanálisis. Mientras que en USA el acceso a la red supera un 50% de la población (Gonzalo, 2003, citado por Contreras, 2003:2-5), lo cual demuestra que no todos están conectados. La paradoja que nos presenta la sociedad de la información es que si bien ha generado una cultura de la hiperinformación, ésta oculta realmente una hipoinformación, que Schiller define como “data deprivation” para referirse no solo al déficit de información socialmente necesaria sino a la ausencia de información socialmente necesaria (Ford, 2002:74). Los peligros se prolongan cuando esa deprivación de la información se convierte en deprivación cultural, en términos de lo planteado por Ford (2002:75) que intenta negar el derecho a la diferencia cultural a favor de la imposición de la “cultura única”, con su lenguaje único y sus contenidos únicos. 2.2. Las barreras de acceso al uso de las tecnologías de la información y la comunicación y sus repercusiones en otros ámbitos de la vida de los sujetos: No cabe duda que las barreras de acceso al disfrute de las TIC se constituyen en fuertes obstáculos y limitaciones para entrar a la sociedad de la información: en América Latina, los inconvenientes técnicos ( falta de servicios básicos de electricidad y telefonía, lentitud de las líneas telefónicas que impiden accesos rápidos y sin interrupciones); los inconvenientes económicos (no disponibilidad financiera para costear un sistema informático con los servicios ofrecidos); las barreras administrativas ( peajes y password establecidos por los suministradores de acceso a Internet) y las dificultades culturales y sociales (Ávila, 2000:37), no sólo profundizan las brechas para disponer socialmente de los adelantos tecnológicos de por sí, sino que también disminuyen las posibilidades de tener acceso a información socialmente necesaria para poder resolver problemas fundamentales para el desarrollo social y económico (salud, educación, derechos humanos, ambiente y cultura) y para el mejoramiento de la calidad de vida de los grupos sociales más necesitados (población analfabeta, rural e indígena). De manera que en ese contexto, las barreras tecnológicas derivan en barreras estructurales que entorpecen el desarrollo democrático de la sociedad de la información. No basta disponer de condiciones materiales y técnicas, hace falta garantizar las condiciones culturales y políticas, además de las nuevas condiciones subjetivas a constituir por los sujetos sociales (Almeida, 2002:19), quienes buscan unos usos de las TIC y la información que ellas transportan, para resolver problemas colectivos. A los obstáculos cuantitativos se suman los cualitativos que tienen que ver con los modos de acceso, su frecuencia diaria y los sitios desde los cuales se accede a la red Internet. Hay en los países en desarrollo fuertes limitantes para el acceso a la fibra óptica de banda ancha en determinas zonas (rurales y urbanas periféricas), lo cual reduce la frecuencia de conexión; asimismo no todos pueden disponer de conexiones individualizadas en sus casas, trabajo y oficinas, sino públicas o colectivas como infocentros, telecentros, cabinas públicas o cibercafés. Estas barreras están más relacionadas con los abismos de desarrollo antes que con los digitales (Hoffmann, 2003:48) y con desigualdades económicas y sociales. Como consecuencia de lo anterior, el reto de una política de acceso a la sociedad de la información no es sólo tecnológico, “poner a todos en línea”, sino integrar las TIC a un desarrollo socialmente incluyente (Hoffmann, 2003:53). Por eso, el acceso a la información y la comunicación se ha de convertir en un derecho, ligado estructuralmente a la calidad de la democracia. En lo que a Internet se refiere, hace falta ir superando las barreras, sobre todo para hacer posibles cada vez más su uso colectivo que permita la apropiación social y el uso con sentido de los desarrollos tecnológicos. 2.3. La globalización de los mercados, los derechos a la comunicación y el predominio de lo tecnológico frente a lo cultural: El desarrollo tecnológico acelerado ha ido aparejado a un proceso de globalización que en lo económico ha significado una ampliación de los mercados financieros , comerciales y de las innovaciones informáticas y de telecomunicaciones. El neoliberalismo ha logrado imponer las razones mercantiles por encima de las sociales y culturales en los procesos de introducción de las TIC en la sociedad de la información. Ello puede representar peligros y restricciones para el pleno desarrollo de los derechos a la comunicación y al acceso a las nuevas fuentes de información y el conocimiento. Las alianzas estratégicas entre las multinacionales del sector de las Telecomunicaciones y el Audiovisual parecen cerrar las alternativas de establecer contrapartes en el mercado mundial globalizado, de modo que la igualdad aquí se resume en los intentos por imponernos unos actores centralizados y un pensamiento estandarizado que atenta contra la pluralidad y la democracia (Pineda, 2002:18). Sin embargo, la globalización también ha servido para resaltar las diferencias y para colocar sobre el tapete el tema sobre lo cultural como el espacio que se revela a ser homogeneizado por una cultura única (básicamente norteamericana), el cual aparece hoy más imbricado que nunca con lo comunicacional, como espacio donde se debaten los conflictos por el ejercicio del poder simbólico, el poder de las palabras, las significaciones y los valores. Eso lleva a decir al autor George Yúdice (2000:16), que la lucha hoy tiene lugar en el campo de la cultura, donde un poder desigual , diferenciador y heterogéneo, como lo son los diversos grupos culturales y sociales (étnicos, mujeres, jóvenes y marginados), frente a las intenciones del mercado de consumo, luchan por dejar oír su voz y por rescatar sus derechos sociales y humanos a la expresión de sus ideas, a la comunicación, a la diferencia cultural y lingüística . En ese panorama de contradicciones, la globalización se debate entre procesos de rentabilidad económica en mercados globales y una apertura a los procesos de localización desde abajo, con la participación cultural de los sectores sin acceso. Si la sociedad de la información se ha abierto a los mercados internacionales, necesita ahora reencontrarse con “los otros” de las otras zona del mundo no desarrollado, como una vía que pudiera abrirse para el logro de una sociedad más democrática, justa y equilibrada e Internet podría ser una vía para ello. De lo contrario, entraría en un callejón sin salida, en un diálogo de sordos. Las últimas iniciativas de organizaciones de la sociedad civil, de ONG por constituir observatorios, veedurías ciudadanas utilizando las conexiones a través de la red, para contrarrestar los efectos aplastantes de la globalización (Martín Barbero, 2002b:18-19), son una muestra de que no todos los caminos están cerrados para un diálogo intercultural entre zonas del mundo que antes se habían visto alejadas. Y sobre todo entre sus diversos actores, ya que nos encontramos en un tiempo de heteronomía que plantea una alteridad, una dependencia incluso entre los seres humanos (Rivas, 2001/2002:72). Como lo indica Martín Barbero (2002a y 2002b), la globalización se negocia desde la diversidad cultural, y la sociedad de la información no ha hecho más que manifestar con contundencia la explosión de las identidades . Y es que frente a una globalización que genera problemas relativos a la justicia, equidad, bienestar, gobernabilidad, que se manifiestan en lo local pero con contextos globales, resulta indispensable el uso de la imaginación en la vida social, para ejercer una especie de “globalización desde abajo”, en términos de lo planteado por Appadurai (citado por Pineda et alt, 2003a: 261), quien visualiza una imaginación que articule el sentir, el pensar y el hacer para diseñar, a través de las redes digitales, nuevas formas de asociación cívica y colaboración más allá de las fronteras nacionales, nuevas formas de disensión colectiva como proyectos de vida de los ciudadanos modernos. En la globalización, las identidades cambian, se reconstruyen y adquieren un carácter más allá de lo nacional, se vuelven comunitaria y globales al mismo tiempo (Casas, 2002:34). El peligro se encuentra en la posibilidad de que la innovación tecnológica con sus necesidades y requerimientos imponga su lógica (Campos y Espinoza, 2001/ 2002:34) por encima de lo social y lo cultural. El debate cultural resulta pues prioritario sobre todo si consideramos que en el entorno de los fuertes cambios tecnológicos, el problema de cómo inciden las mediaciones tecnológicas, informáticas y virtuales en la construcción del tejido simbólico, social y colectivo se vuelve más complejo (Bermúdez y Martínez, 2002:25) y ha realzado el valor de la cultura como un recurso (Yúdice, 2000:17), que nos ayuda en el proceso de adecuación al esquema de la globalización, pero que también la podemos utilizar para lograr metas de interés social. Y sí es un recurso, en el sentido en que lo plantea este último autor, “requiere que se atienda a la administración de la cultura, es decir a la política cultural” (Yúdice, 2000:22). Una política cultural que ofrezca garantías para los derechos a la comunicación y que se pueda valer racionalmente de los adelantos tecnológicos como la redes digitales, para que ello sea posible. 3.- Políticas culturales y diversidad: Algunas propuestas o alternativas. En el entorno de la posmodernidad que hoy vivimos, se ha puesto en cuestionamiento la idea de progreso, el concepto de razón, verdad, objetividad e identidad (García, 2001/2002:25) y resurge como nunca el problema de la participación y la necesidad de rediscutir el tema de la democracia como asociada a una sociedad de progreso científico y tecnológico y de bienestar material. La crisis de los paradigmas y el dominio del caos y del desorden ha permitido una apertura hacia la búsqueda de fines de participación diferentes a los de las democracias representativas de las sociedades liberales. Ahora se plantea una democracia participativa que deja a un lado la delegación política y reivindica la participación directa de la sociedad civil. En este nuevo esquema, el diálogo, la comunicación, adquiere un nuevo estatuto, una centralidad no sólo relativa sino transversal. Siguiendo a Habermas(1986), se puede afirmar que la comunicación se erige como el espacio de participación, una comunicación que tiene lugar mediante un diálogo no autoritario, producto de la reciprocidad y el consenso, el cual se podría potenciar con un uso más democrático de la redes digitales. Pero, en momentos de grandes cambios ello pude no estar garantizado en todas las situaciones, en todos los contextos y para todos los individuos, ya que en la lucha por el poder comunicativo parecen surgir también intentos de control informático de las palabras y el diálogo. Por eso resulta indispensable considerar las propuestas de Lyotard (1996) y Vattimo (1991), citados por Campos y Espinoza ( 2001/2002:38-39) sobre la necesidad de considerar en este debate el pluralismo, la diversidad, las diferencias y las particularidades contextuales que hacen resurgir una palabra ya no consensuada, en términos habermasiano, sino una palabra confrontada, del disenso, que ha sido respetada en su diversidad como producto del diálogo entre diferentes. Palabra que ya no es portadora única de la razón universal polarizada, sino que también integra imágenes, emociones, afectos y una subjetividad confrontada (Rivas, 2001/2002: 70-71). En el mundo globalizado, la subjetividad compartida, sobre todo a través de Internet, pasa también por el diálogo intercultural, que en sentido democrático respete la diversidad cultural de regiones del mundo, grupos e individuos. 3.1. Cómo garantizar políticas culturales democráticas y pluralistas: 3.1.1. Se debe recuperar las condiciones subjetivas y humanas de las relaciones sociales entre los hombres y las culturas, porque si bien se deben crear las condiciones materiales, políticas y culturales para la consolidación de un espacio público, democrático, participativo y deliberativo (Almeida, 2002:19), donde sea posible el encuentro intercultural, se hace necesario garantizar las condiciones que permitan a los sujetos sociales desarrollar sus potencialidades afectivas, subjetivas y dialógicas en un espacio no sólo sociopolítico sino además en un espacio subjetivo que nos acerque a un orden social más humano y solidario (Hernández,2002:57), para lo cual se debe potenciar el papel de las redes digitales. 3.1.2. Fomentar la comunicación plural con base en el respeto a la diversidad cultural y a la heterogeneidad como valores que se articulen a la construcción de un nuevo tejido social de lo colectivo (Morales et alt, 2000:70). Una heterogeneidad respetuosa de la convivencia entre las culturas singulares y que favorezca la participación ciudadana y comunicativa, que remueva no sólo a la política sino a la sociedad en su conjunto. Una comunicación plural que rescate el concepto de exclusión cultural y que fomente un proyecto estratégico a través de las redes, para hacer posible no sólo “políticas de identidad” dentro de una política de emancipación humana, sino que replantee a fondo el sentido mismo de “política”, para facilitar el surgimiento de un nuevo tipo de sujeto político (Martín Barbero, 2002b:17), quien en su relación con los otros se enfrente a unas subjetividades fracturadas, descentradas, múltiples y en pugna, las cuales se pueden reencontrar en las redes. 3.1.3. Reconocer que más que el multiculturalismo, entendido como el mero reconocimiento de varias identidades fijas y normativas , es el diálogo intercultural la garantía para mantener un equilibrio en esa lucha de poderes culturales diversos (Sierra,2003:76). El dialogo entre culturas vendría a ser la respuesta a los procesos históricos de dominación y pretensión de uniformidad en torno al mundo globalizado. Porque permite revalorizar los movimientos étnicos, la cultura local y la defensa de las lenguas autóctonas, con miras a construir un sistema democrático con mayor nivel de participación ciudadana (Pineda, 2003c:12). El diálogo intercultural más que ser el producto de una integración cultural, lo cual resulta sumamente difícil en las sociedades contemporáneas sin desvalorizar a las culturas no hegemónicas, debería ser el resultado de una convergencia cultural, donde se incluyan las divergencias, las marginaciones y las exclusiones (Pineda, 2002). Por lo que haría falta una política cultural, según lo sugiere Ford (2002:77), que ponga en escena los aspectos históricos, económicos, sociales, laborales e institucionales de la cultura del otro o una política de reconocimiento cultural que de margen para deliberar y compartir con otras identidades distintas a la nuestra (Sierra, 2003:75), para lo cual se podría aprovechar las potencialidades que ofrece la red de redes, Internet. 3.1.4. La coexistencia de diálogos multiculturales deberá pasar por el “reconocimiento de los límites de lo humano”, ninguna cultura lo tiene todo, ninguna es mejor que la otra, así como ninguna es igual a la otra. De modo que el multiculturalismo no debería considerarse como la aceptación inevitables de la heterogeneidad social y humana sino como el reconocimiento de la existencia de los demás aunque sean diferentes, con la convicción de que ello enriquece cualquier diálogo entre culturas. Por tal motivo una política cultural será más democrática en la medida en que permanezca abierta a los entrecruces culturales y no sólo pensada para los ciudadanos nacionales, la oportunidad que ofrece la red Internet para abrirnos a otras culturas y ciudadanos podría ser aprovechada para que entendiéramos que culturalmente no somos mejor que los otros. Los obstáculos para el diálogo intercultural no son materiales (técnicos o económicos) sino fundamentalmente culturales y enfrentan, incluso, los modos de pensamiento occidental dominantes con otros modos de pensamiento sumergidos (culturas indígenas, orientales y africanas). 3.1.5. Considerando que en la sociedad de la información, las tecnologías de la información y especialmente Internet, ocupan un lugar central, en la definición de una política para el diálogo intercultural resulta indispensable pensar en cómo fomentar el uso social o alternativo de estas tecnologías. Las experiencias de apropiación tecnológica y de redes informáticas alternativas en países en desarrollo, como son el caso de los telecentros , infocentros o cabinas públicas en Perú, Bolivia, Venezuela; de Funredes; de la Asociación Latinoamericana de Radios Comunitarias (Gómez Mont, 2002:51); de la Agencia Latinoamericana de Información (ALEI) y de los recién creados Comités de descentralización de la Informática en Brasil (De Sousa , 2004), como proyectos latinoamericanos constituyen ejemplos de lo que se podría hacer. Pero por ahora, no existe un diseño de política que las articule a un proyecto público de fomento del diálogo con otras culturas, donde su pueda garantizar no sólo el acceso sino el uso con sentido, la capacitación y los contenidos adecuados (Camacho, 2000, citado por Hoffmann, 2003:53). 3.1.6. Por último, una política cultural de la diversidad deberá tener a la comunicación como eje fundante de la democracia, de la igualdad de los diferentes, que partiendo de una base ética del poder comunicativo reconozca las capacidades, potencialidades y los derechos de “los otros” en el diálogo cultural (Unesco, 2003:69) Conclusiones. Lograr un equilibrio entre el derecho a la comunicación y el derecho a la diferencia, desde el punto de vista de una política cultural, requiere superar las brechas, las barreras de acceso a la información socialmente necesaria, disponible actualmente en las redes, para impedir que la privación de la información se convierta en una privación cultural, que niegue el derecho a la diferencia . Pero el problema va más allá de un reconocimiento cultural de los diferentes, porque las barreras de acceso a la información y la comunicación , a través de las nuevas tecnologías y las redes, no sólo repercuten en el acceso a la información sino a otros ámbitos de la vida de los ciudadanos ( salud, educación, derechos humanos, calidad de vida y disfrute cultural). Por lo que podríamos señalar que al lado de las barreras tecnológicas o económicas existen unas muy fuertes barreras estructurales y culturales. Se hace necesario, en consecuencia, integrar las tecnologías de la información y la comunicación, especialmente Internet, a un desarrollo socialmente incluyente, que reconozca a la información como un derecho ligado a la calidad de la democracia y a la comunicación como el eje fundamente de cualquier política cultural, porque ella se erige como un espacio para debatir las diferencias culturales, simbólicas y de significación. Si dentro de dicha política se considera a la cultura como recurso, ello obliga a definir políticas y programas para su administración, las cuales deben ofrecer garantías a los derechos a la comunicación. Dentro de las garantías para una política cultural democrática y pluralista, se requiere: recuperar las condiciones subjetivas y humanas de las relaciones sociales; fomentar la comunicación plural y heterogénea para incluir la exclusión social y reconocer el diálogo intercultural como el punto de equilibrio en la lucha de poderes culturales diversos, el cual puede ser potenciado mediante el uso de las redes digitales. Asimismo, dicha política deberá reconocer los límites de lo humano, ninguna cultura es igual a otra, ninguna cultura es mejor que otra. En la actualidad hay una dependencia no sólo entre zonas del mundo sino entre los seres humanos mismos, lo cual nos obliga a reconocer a los demás aceptando sus diferencias y respetando sus derechos, en un clima de igualdad. Referencias Bibliográficas. ALMEIDA, Jorge (2002).“Convergencia tecnológica, especio público y democracia”. Memorias del Coloquio sobre “ 2001 Efectos: Pluralismo y Globalismo” Universidad de Québec-Canadá, 24 al 27 de Abril. p.19 ALSINA, Miguel (2001). Teorías de la Comunicación. Universidades Autónoma de Barcelona/ Jaime I /de Valencia. España AVILA HERNÁNDEZ, Flor y Morella (2000). “El proceso informativo como elemento clave para la participación ciudadana”. Revista C+I Nº 2. Vol1. CICI./ Universidad del Zulia. Maracaibo, Septiembre. Venezuela. p.p.33-56 BERMÚDEZ, Emilia y MARTINEZ, Gildardo (2002). “Los estudios culturales en la era del ciberespacio”. Memorias del Coloquio “2001 Efectos: Globalismo y Pluralismo”. Ob cit. p.25 CAMPOS, Ana y ESPINOZA, Héctor (2001/2002).”Retorno al pensamiento flexible”. Revista FACES. Universidad de Carabobo. Valencia, Diciembre/Junio. 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MI ULTIMO LIBRO

TEORIAS Y MODELOS


INTRODUCCION

El trabajo que se presenta a continuación recoge las conclusiones finales de un proyecto de investigación más amplio titulado: “ De los mass media a los medios telemáticos: Teorías y modelos”, que se desarrolló durante año y medio, con financiamiento del Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico(CONDES), de La Universidad del Zulia y donde participaron la autora de este artículo como investigadora responsable, los profesores Merlyn Lossada, como co-investigador principal , Johann Pirela, como investigador secundario y el Br. Ricardo López, como estudiante colaborador.
La naturaleza de la investigación fue eminente teórica y en ella se abordó un análisis sobre los modelos y teorías de la comunicación correspondientes a las diversas escuelas, que incluye tanto a las clásicas como a las nuevas propuestas teóricas de la década de los noventa.
El objetivo del trabajo consistió en dar inicio a una línea de investigación sobre los problemas teórico-metodológicos de las Ciencias de la Comunicación y su enseñanza que permita concretar una producción bibilográfica autóctona tanto para el pregrado como para el post-grado en el campo de la comunicación. Además de crear una estructura teórica que ayude no sólo a explicar sino a comprender y facilite el análisis de los procesos de la comunicación e información mediante los medios telemáticos, así como que permita explicar las nociones o conceptos que recogen las actuales experiencias de comunicación.
Para cumplir con tales cometidos, en una primera parte se realiza una revisión crítica de las teorías norteamericanas, europeas y latinoamericanas que explicaron los procesos de comunicación a través de los medios tradicionales (prensa, radio, televisión y cine), desde la década de los años veinte hasta mediados de los años ochenta. En una segunda parte, se abordan los nuevos enfoques que explican las transformaciones ocurridas en el campo de la comunicación por la incidencia de las tecnologías de la información y la comunicación, el fenómeno de la globalización y los cambios sociales y políticos, y la transdisciplinaridad como estrategia metodológica para abordar los cambios. Todo ello enmarcado desde nuestro contexto latinoamericano y haciendo especial énfasis en los aportes realizados por la corriente de estudios de esta región sobre las Ciencias de la Comunicación.
La premisa teórica sobre la cual se emprendió la investigación considera que las crisis de las teorías dominantes en el campo de la comunicación social se hace evidente al observar como sus modelos, conceptos y nociones no están adaptadas para abordar los cambios ocurridos en los últimos quince años en las comunicaciones en general, ya que ellos son aptos para explicar y comprender separadamente la comunicación cara a cara (directa) o la difusión masiva (indirecta), pero no los modos diversos e híbridos de comunicación e información posibles a través de los medios telemáticos interactivos.
Para emprender esa tarea se siguieron las teorías de los autores canadienses M.Cartier (1992), sobre la “Comunicación Multiescalonada” y J. Cloutier (1992), sobre la relación EMEREC o comunicación dialógica interactiva, que explican las formas de comunicación posibles mediante las computadoras y medios interactivos y las nuevas formas de relación entre el emisor y el receptor. Asimismo, se recurre al concepto de P. Mayer (1997) que define a las formas de interacción entre usuarios de las tecnologías de la comunicación y la información como “comunicación mediada por computadoras” (CMC) y quien considera que las mismas han modificado las formas de comunicación directa (cara a cara) así como las formas de difusión masiva ( a través de los medios de comunicación tradicionales).

1.- METODOLOGÍA.

En virtud de que la investigación fue de carácter básico y eminentemente teórica, no se utilizó ninguna metodología cuantitativa. Se partió de una investigación bibliográfica y documental, que hizo una revisión histórica y analítica sobre los clásicos de la comunicación, donde se abordó el contexto en el cual surgieron esas teorías y sus aportes para el desarrollo de las denominadas “Ciencias de la Comunicación” en su época, pero también a la luz de las nuevas perspectivas y desarrollados en este campo,
Para abordar los nuevos enfoques se recogió informes, conferencias dictadas por expertos, memorias y documentos, muchos de ellos orales, transcritos posteriormente, de eventos y congresos científicos sobre el tema, donde el investigador responsable tuvo la oportunidad de asistir como ponente para confrontar sus teorías con otros investigadores latinoamericanos que trabajan en áreas afines.
Finalmente, se concluye con un análisis cualitativo, donde se integraron las propuestas teóricas incluidas en las conclusiones finales del trabajo (Meter resultados de Ricardo y metodología usada).

2.- LAS TEORÍAS CLÁSICAS DE LA COMUNICACIÓN: APORTES Y LIMITACIONES.

2.1.- La Escuela Norteamericana, conformada por los llamados padres de la comunicación, porque fue la primera escuela que abordó el fenómeno como una disciplina científica y que se inició en 1929 con los estudios pioneros del psicólogo y experto en ciencias políticas, Harold Laswell, manifestó un crecimiento sostenido desde esa fecha hasta los años sesenta.
Sin embargo, ese crecimiento significó un desarrollo progresivo del conocimiento empírico, comercial y administrativo sobre la comunicación y sus efectos, pero nunca una ruptura del paradigma clásico que instauró Laswell sobre: Emisor-Mensaje-medio o canal-receptor y efectos.
Los estudios realizados por los seguidores de esta escuela como: los de los efectos directos de los medios sobre el receptor, realizados por el mismo Laswell, en 1927 y 1930; los de los efectos limitados por la intervención de factores psicológicos individuales, realizados en los años de 1940, por Hovland, Lewin, Lazarfeld y Berelson; los de la intervención de factores grupales y sociales, realizados en 1994 por Lazarfeld y Berelson, Lazarfeld y Katz, R. Merton; los relativos a los usos y gratificaciones de los medios, realizados en los años 60, por Klapper y Katz , De Fleur; las investigaciones sobre la teoría de la fijación de la agenda pública por parte de los medios de comunicación, realizadas desde 1947 por Cohen, Comb y Shaw y por Iyengen y los relativos a la teoría de la “espiral del silencio”, efectuados por la norteamericana Elizabeth Neüman, contribuyeron con la maduración de la corriente teórica de la “Mass Communication Research”, nombre con el que se conoce a esta escuela, pero no produjeron una transgresión de las fronteras de la matriz epistemológica neopositivista que fue la que la sustentó a lo largo de más de cuatro décadas.
El único cambio de perspectiva introducido en esta corriente tuvo lugar en los años sesenta con los estudios sobre los usos y las gratificaciones de los medios, al haber modificado la pregunta de qué es lo que hacen los usuarios con los medios? Y no lo que los medios hacen con los usuarios, revirtiendo así la propuesta conductista de Laswell sobre el papel poderoso y unilateral de los medios para influir sobre las personas, no obstante este nueva interrogante no cuestionó el esquema o paradigma de Laswell y continuó apegado a una visión funcionalista, instrumental y pragmática del proceso de la comunicación.
Los seguidores de los planteamientos de los pioneros como W. Schramm, D. Berlo, en los años cincuenta, que ayudaron a completar los modelos o paradigmas de la comunicación humana o colectiva y a destacar la intervención de elementos psicológicos y persuasivos en el proceso, tampoco revirtieron la matriz teórica de esta escuela.
Las propuestas de autores posteriores como Mc Luhan, D. Bell , E.Schils y Mac Donald, entre otros, continuaron limitando sus análisis sobre los medios masivos y no replantearon el problema de la comunicación por fuera de ellos, sino que por el contrario como es el caso de Mc Luhan coincidieron con Laswell sobre el papel poderoso de los medios en la sociedad.

2.2.- La Escuela crítica Europea, incluye tres corrientes de estudio, a saber:

2.2.1.La Escuela de Francfort, por el origen de la mayoría de sus pensadores más importantes, entre los que destacan T. Adorno, Horheimar, H. Marcuse, W. Benjamín, se constituyó en la primera corriente teórica que se enfrentó a los planteamientos funcionalistas de los norteamericanos sobre la industria cultural, la sociedad de masa y los medios masivos. A partir de un enfoque desde el psicoanálisis, el marxismo y la sociología crítica estos teóricos inician una crítica radical a la cultura de masas, donde comienzan a ver una instancia para la reproducción de la sociedades capitalistas avanzadas y para el ejercicio del poder y la manipulación ideológica, rompiendo con los estudios de la “Mass Communication Research” y fundando una teoría opuesta, la Teoría social crítica, desde la cual interpretaron los problemas de la mercantilización de la cultura y el arte en su fase de reproducción técnica, industrial y comercial.
Las revisiones actualizadas de los planteamientos de esta escuela, permiten observar las siguientes tendencias: predominio de una visión aristocrática de la cultura, al pensar sus manifestaciones como algo ajeno a las experiencias devenidas de la articulación de la cultura de masas con la cultura popular, que hoy ayudan a enriquecer el pensamiento sobre la “hibridación cultural” como un proceso de negociación que tiene lugar en el encuentro de los sectores populares con la cultura de los medios masivos contemporáneos; presencia marcada de una visión pesimista sobre las sociedades de masas y sus posibles salidas para un cambio cultural y político. Sin embargo, no se puede dejar de reconocer que Benjamin introdujo una renovación al hablar de las posibilidades que la técnica abría para que el arte pudiese reproducirse y llegar a las masas, motivo por el cual en la década de los ochenta sus planteamientos son retomados para abordar la relación del arte/cultura popular.
A pesar de que esta corriente tiene grandes diferencias con la norteamericana, tanto es su matriz teórica (marxismo Vs funcionalismo), como ideológica, sus fundadores no fueron más allá del análisis de los medios de comunicación, aunque desde una postura crítica.
No fue sino hasta los años setenta que un autor, seguidor de los pioneros de esta escuela, Jurgen Habermas, da un vuelco a la reflexión teórica y replantea el problema de la comunicación, no desde la perspectiva de la técnica o los medios tecnológicos sino desde una teoría del lenguaje que de sentido epistemológico a la teoría social crítica de los fundadores. Es así como, este autor, elabora su Teoría de la Acción Comunicativa, según la cual los hablantes están dotados de competencia lingüística para comunicarse con sus semejantes, en un clima de consenso democrático, independientemente de los soportes técnicos que utilice para lograrlo, con lo cual desplaza el interés hacia la dimensión humana de la comunicación y con su concepto de “giro lingüístico” introduce como elemento fundamental el problema del sujeto y no del medio.

2.2.2. El estructuralismo Francés, el cual desde los años setenta con sus análisis sobre los discursos y los textos introduce en los estudios de comunicación los aportes de la antropología cultural de Levy Strauss, de la lingúística de Ferdinand Saussure y de Román Jackobson, desplazando el interés que tenían las dos escuelas anteriores del medio hacia los mensajes y sus contenidos.
Sin embargo ese desplazamiento del interés sobre un objeto de estudio diferente, mantuvo una visión muy cerrada sobre la estructura del texto como un todo independiente del contexto que le da sentido y al igual que la perspectiva de la escuela de Francfort mantuvo una posición crítica, fundamentalmente de denuncia y maniquea sobre la manipulación ideológica que escondía todo texto o discurso.
De ese modo, los estudios estructuralistas que prosperaron en la década del setenta otorgaban mucho poder al emisor y a los medios técnicos de comunicación, por lo que seguían moviéndose dentro del paradigma de lo masivo, sin considerar las posibilidades de reacción y de participación del receptor, como el otro polo activo del modelo de comunicación.
La aparición de los trabajos de Roland Barthes , quien introduce los aportes de la semiología, como la ciencia que aborda el estudio de los signos no sólo desde la grámatica y la lingüística, sino desde el seno de la vida social, es decir, el contexto, ayudó a la renovación de esta corriente sobre todo al abordar temas como la moda, la publicidad, el cine y los medios audiovisuales, donde los enfoques no se centraban tanto en el texto lingúístico sino en su articulación con la imagen, pero continuaron poniendo el énfasis sobre los medios como instrumentos de manipulación ideológica.
Son la pragmática y la semiótica, las disciplinas que en los últimos años han enriquecido los estudios sobre el discurso y los textos, sobre todo con sus consideraciones sobre el contexto social e histórico que rodea la situación de los hablantes y sobre los procesos de enunciación y actos de habla
los cuales otorgan poder a los destinatarios. Estos nuevos estudios dan prioridad no a la lengua, sino al lenguaje hablado por unos sujetos psicológica y socialmente ubicados en un contexto, introduciendo así otras interrogantes en los análisis de los mensajes y contenidos.

2.2.3. La Escuela Inglesa de los Estudios Culturales o la Escuela de Birmingham como también se la conoce, significó un importante avance en los estudios críticos europeos sobre todo porque desbordó el estudio de lo meramente textual o discursivo para abordar problemas concretos de la cultura contemporánea, la cultura popular así como los procesos de recepción y apropiación de la cultura masiva.
Al recurrir a metodologías etnográficas para estudiar la incidencia del consumo cultural en la vida cotidiana de las personas, especialmente en lo relativo a la audiencia de la televisión, introdujo enfoques novedosos en los modos de abordar el papel del receptor frente a la cultura masiva, al concebir la participación activa de éste en los procesos de negociación que el receptor establece no sólo con el emisor sino con el texto y con los mensajes de los medios. Con esta concepción, esta escuela aborda la producción social de sentido como una cuestión no sólo de significación sino fundamentalmente de poder.
Los pioneros de esta corriente inglesa, Raymond Williams (1961, 1980, 1982), Richart Hoggart (1972) y E.P. Thompson (1972), ayudaron a consolidar el enfoque crítico al introducir renovaciones en los enfoques del marxismo clásico y proponer en el debate el concepto de la lucha cultural como parte de la lucha política para el cambio social, al reivindicar la cultura popular y obrera frente a la de elite y al introducir el concepto de “agencia” social en los fenómenos culturales. De manera que en los años sesenta se fundó la Escuela para ocuparse de estudiar el proceso social, continuo y contradictorio de la producción, la circulación y el consumo cultural.
La renovación que los estudios culturales introducen se basó fundamentalmente en que invirtieron el paradigma de los estudios marxistas, al interesarse no por el poder de las clases dominantes sino por los procesos de resistencia de las clases subalternas, por su capacidad de negociación e incluso extrapolan esa relación a los procesos de recepción de los medios masivos, donde autores como Jensen (1987) introduce el concepto de “comunidad interpretativa” para explicar cómo inciden factores contextuales diversos en los procesos de recepción; autores como Fiske (1993) contradice las proposiciones de los pioneros al indicar que la recepción se realiza no sólo desde una clase social sino desde la perspectiva de un género (sexo ) o de una raza, y autores como James Lull (1980, 1988, 1992)
aporta su concepto de “reglas” o conjunto de conductas sociales modeladas por la familia y la escuela, como elementos que intervienen en los procesos de recepción y consumo cultural.
Sin embargo, la escuela inglesa al otorgar demasiada autonomía al receptor, al abogar por una democracia cultural y al reivindicar la cultura popular, llega a concebir que el sujeto es totalmente libre al encontrarse con el texto como si no estuviese influenciado por un contexto social y económico que a veces limita esa autonomía o libertad. Tampoco aborda con un enfoque más integral, las relaciones contradictorias que se pueden dar entre el discurso dominante y las clases subalternas, de oposición y de complicidad, lo cual ayudaría a entender el cruce que se da entre lo hegemónico y lo popular en la cultura masiva.
En suma, los estudios culturales de esta corriente sí se desmarcan de la rigidez de la Escuela de Francfort, pero manteniendo la posición crítica de ésta, y al utilizar metodologías empíricas pueden abordar problemas más concretos de la vida cotidiana de los receptores, con lo cual se acerca con enfoques más reales a los asuntos de la recepción crítica.

2.3. Los estudios críticos latinoamericanos sobre la comunicación iniciaron una corriente teórica en comunicación propia en la región, manteniendo también enfoques críticos frente a la escuela norteamericana y bastante cercanos a los planteamientos de los teóricos europeos.
La renovación de la visión latinoamericana se centró en el desplazamiento de la mirada de los procesos de la comunicación desde los medios masivos hacia la comunicación humana y en su insistencia en abordar problemas de la comunicación ocurridos por fuera de los medios clásicos, como la comunicación alternativa, o temas de fundamentación filosófica o teórica, de democratización de las comunicaciones, o sobre los procesos de apropiaciones críticas de los receptores o las mediaciones simbólicas.

2.3.1. La Comunicación Alternativa como objeto de estudio en América Latina se inicia en 1970, con las investigaciones de Armand Mattelart sobre las experiencias de comunicación popular , que tienen lugar en Chile durante el gobierno de Salvador Allende y que buscaban romper con el esquema rígido de comunicación vertical que otorgaba funciones prefijadas al emisor y al receptor.
La propuesta de Mattelart sobre un nuevo modelo de comunicación buscaba fomentar una comunicación más democrática y participativa, donde el receptor tuviese igualdad de condiciones y oportunidades para producir y emitir mensajes, cuestión que este autor definió con la expresión de “devolver la palabra al pueblo”. A partir de allí, se esquematizó un modelo alternativo de comunicación o modelo generativo que al enfrentarse a los paradigmas de los clásicos norteamericanos inauguró un cambio de perspectiva porque rescataba la dimensión humana de la comunicación antes que la técnica o instrumental y planteaba interrogantes entorno a las relaciones dialógicas del proceso dejando de prestar interés en los medios.
El modelo alternativo tuvo como base una concepción de la comunicación aportada por los autores latinoamericanos Paulo Freire (1973) y Antonio Pasquali (1972 y 1979), Por un lado, el brasileño P. Freire con sus análisis sobre educación y dependencia abrió el camino para entender que la comunicación dialógica es la base de la liberación del educando y por ende de la liberación cultural e ideológica; por el otro, el venezolano, A. Pasquali con sus planteamientos filosóficos sobre la comunicación ayudó a delimitar este fenómeno como “compartir” o “poner en común”, con lo cual lo deslindó completamente de los procesos unilaterales a través de los medios masivos, denominado a éstos como de información o de difusión y reservando la comunicación a las experiencias humanas de compartir y consaber. Este autor fundó en la región una perspectiva teórica radicalmente opuesta a la idea de que a través de los medios pueda ser posible establecer auténtica comunicación, asunto que ninguna escuela anterior había puesto en duda, y ayudó a consolidar una concepción de la comunicación diferente sobre la cual se sustentó la comunicación alternativa, según la cual lo importante es la interacción social y el intercambio simbólico entre los polos emisor/receptor en igualdad de condiciones.

2.3.2. La vinculación del modelo alternativo de comunicación con la Escuela de Francfort, en su segunda época, se produce a través del teórico alemán Jürgen Habermas, quien en los años setenta realiza una revisión de la teoría de la comunicación al introducir su concepto de “competencia comunicativa”, según la cual los hablantes tienen no sólo la capacidad de entender sino de producir lenguajes, porque humanamente están dotados de capacidades expresivas para ello. Y comienza a ubicar los problemas de la comunicación desde una Teoría del Lenguaje y no de los medios tecnológicos, concluyendo en los años ochenta con su Teoría de la Acción Comunicativa, según la cual el lenguaje es el elemento que define a la comunicación humana.
Habermas aporta además su concepto de “giro lingüístico” para hacer énfasis en la capacidad de diálogo de los individuos para su liberación social e individual, coincidiendo con las propuestas latinoamericanas sobre la comunicación alternativa.
En su teoría de la acción comunicativa, este autor reflexiona sobre el papel de los discursos y de los argumentos para el logro de un consenso que conduzca a la acción social como producto de una reacción coordinada por la discusión democrática y pública de los asuntos sociales. Este autor ayuda a reflexionar sobre el hecho de que la comunicación va más allá de los medios masivos y elabora una teoría social crítica que engloba a la comunicación pública e institucional (opinión pública) y a la comunicación interpersonal, humana y subjetiva, con lo cual abre las puertas para la consolidación de un paradigma que vaya más allá de lo masivo.
Las disciplinas de las que se vale para avanzar en su propuesta son la filosofía del lenguaje, la lingüística generativa, la pragmática y la hermenéutica contemporánea, y su enfoque a diferencia de los predecesores de este escuela, es una reflexión fundamentalmente teórica-epistemológica más que una práctica política. Por ello, se considera que Habermas refresca al pensamiento francfurtiano, porque centra su teoría de la acción comunicativa en el mundo de lo vivido, con lo cual ayuda a comprender mejor las prácticas significativas que tienen lugar en lo cotidiano y en las experiencias dialógicas de la comunicación popular, que son preocupaciones centrales en el pensamiento crítico latinoamericano.

2.3.3. Los estudios sobre la dependencia cultural, la democratización de las comunicaciones y el nuevo orden internacional de la comunicación, se realizaron en América Latina, durante los años setenta y ochenta, generando importantes aportes sobre la relación de la información, la comunicaciones y la dependencia económica.
Estas investigaciones tomaron como referencia algunas teorías de la economía política sobre el desarrollo, la integración mundial , el intercambio desigual y la dependencia, aportadas sobre todo por autores de la región que en la época fueron representantes de lo que se denominó “Teoría de la dependencia” ( T. Do Santos, Cardoso y Faletto, A. Quijano) y que sentaron las bases para un pensamiento crítico latinoamericano en el campo de las ciencias económicas y sociales.
Autores del campo de la comunicación, como Antonio Pasquali, Luis Ramiro Beltrán, Juan Somavía, Roque Faraone, Eleazar Díaz Rangel, Fernando Reyes Matta, entre otros, extrapolan algunos planteamientos de las teorías económicas para analizar cómo en el campo de la comunicación y la cultura también se expresan relaciones de desequilibrio sobre todo en lo informativo que desfavorecen al Tercer Mundo. Estos teóricos hacen énfasis en que las desigualdades comunicacionales abren las puertas a procesos de dependencia cultural en los países pobres y se constituyen en una traba para un desarrollo autónomo y sostenido, se inicia así una corriente de investigación sobre la “economía política de las comunicaciones”, que relaciona la dependencia económica, la informativa y la cultural.
El norteamericano Herbert Schiller (1970), con su obra “Comunicación de Masas e imperialismo Yanqui”, avanza en esta corriente al relacionar las industrias de la comunicación con el estamento militar y al vincular el concepto de “imperialismo”, propuesto por los teóricos de la dependencia económica, con la cultura para así explicar cómo el capitalismo avanzado utiliza las “industrias de las conciencias” (medios masivos) para el control político e ideológico en sus zonas de influencia o países periféricos para imponer el modo de vida norteamericano. La influencia del pensamiento de este autor en los estudios latinoamericanos fue fundamental y ayudó a profundizar los enfoques sobre la economía política de las comunicaciones en su vinculación con las teorías económicas marxistas y críticas.
También algunos investigadores europeos se sumaron a la preocupación latinoamericana sobre la dependencia cultural. Así autores como Nordenstreng y Varis, C. Hamelink y P. Flichy realizaron trabajos sobre los flujos internacionales de los programas de televisión, el papel de los medios masivos en la reproducción del capital transnacional, ratificando lo planteado por Schiller sobre el proceso de imperialismo cultural.
Con estos aportes, en América Latina se aumentó el interés por el análisis de la dependencia en las relaciones Norte/Sur, lo cual sirvió de antesala para el movimiento del Nuevo Orden Informativo Internacional (NOMIC) propuesto en los años ochenta, en los organismos internacionales por los países del Tercer Mundo. El NOMIC , basándose en la Teoría de la Dependencia, planteó la necesidad de una ruptura con el modelo de desarrollo económico y con el modelo informativo y comunicacional, impuesto por los países desarrollados, por considerarlo injusto y desigual. Dicho interés dio inicio a los estudios sobre los procesos de “transnacionalización de las comunicaciones”, adelantados por el Instituto de Estudios Transnacionales (ILET), con sede en México y Chile, donde se analizó el papel de las agencias internacionales de noticias en el refuerzo de la dependencia informativa y cultural y se comenzó a discutir el problema de la democratización de las comunicaciones como condición fundamental para el logro de la democracia política y económica en las naciones en desarrollo; principio sobre el cual se afincó el Informe Mac Bride, aparecido en 1987 y auspiciado por la UNESCO, donde también participaron expertos de la región para proponer la necesidad de utilizar los medios y las comunicaciones para el desarrollo social, económico y cultural de los pueblos.
A pesar de que el NOMIC a finales de los ochenta decayó como movimiento de vanguardia, por causas políticas (presiones de los países desarrollados, dictaduras militares en el cono sur), económicas (deuda externa, crisis financiera) y profesionales ( no se involucró a la sociedad civil, solo a los políticos y expertos, se planteó sólo en el ámbito de los medios y no en otras experiencias de comunicación por fuera de ellos, no se formó críticamente a los usuarios o receptores), entre otras; en la década de los noventa los mismos padres del NOMIC realizaron un balance y reconocieron que con la globalización y la aparición de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), los viejos problemas de este movimiento vuelven a aparecer en el panorama mundial de las comunicaciones con mayor contundencia, tales como la falta de pluralidad informativa de los medios globalizados, la no democratización de las comunicaciones internacionales y los desequilibrios informativos y comunicacionales entre países ricos y pobres
La entrada en la Era de la Información, según expresión de Manuel Castells (2000), está haciendo entender a otros países no punteros en el desarrollo de las TIC, como Europa y Canadá, que las preocupaciones de los países del Tercer Mundo manifestadas en los ochenta a través del NOMIC, adquieren hoy más que nunca vigencia y obliga a la investigación sobre las tecnologías, las comunicaciones, el audiovisual y los flujos informativos a volver la mirada sobre los problemas de la democracia, los desequilibrios y las diferencias culturales y sociales entre zonas del mundo, regiones e individuos, para replantear el asunto sobre el derecho a la información y la comunicación, como un tema a considerar como de sumo interés en la agenda de investigación del siglo en el que recién entramos.

2.3.4. Los estudios sobre las mediaciones simbólicas y las teorías sobre las apropiaciones críticas, realizados en Latinoamérica a finales de los ochenta y durante la década de los noventa, ayudaron a reenfocar las análisis de recepción realizados por la escuela norteamericana en los años cuarenta con sus investigaciones sobre los usos y gratificaciones, porque hicieron hincapié en el uso social de los medios y no sólo en los procesos individuales de gratificación psicológica del receptor.
Los aportes de Jesús Martín- Barbero, a través de su “ teoría de las mediaciones” (1987) fueron pioneros en el pensamiento latinoamericano. Este autor inaugura una mirada distinta sobre la forma de concebir al receptor en su encuentro con los mensajes masivos y sobre el proceso que tiene lugar cuando ese encuentro se produce, en el cual el receptor es un sujeto activo que se “apropia” de la cultura masiva y con sus códigos culturales resemantiza los mensajes desde su contexto cultural y social, proceso que no solo se produce en el momento de la percepción del mensaje sino que abarca la etapa de la producción, de la circulación y de la recepción, las cuales están atravesadas por mediaciones diversas.
Los planteamientos de Martín Barbero iniciaron una corriente crítica de investigación en América Latina que se enfrenta a la visión lineal y mecanicista de la comunicación y sobre todo del papel del receptor. Se plantea una perspectiva conceptual que rescata el concepto de sujeto activo en la comunicación y su capacidad de producción de sentido, y que revaloriza el proceso de recepción como acto complejo, dinámico, creativo y contradictorio, donde tienen lugar conflictos, reapropiaciones y negociaciones entre el emisor y el receptor.
El movimiento crítico que se originó a partir de este autor llevó a los estudios de recepción latinoamericanos a establecer distancias fundamentales con los enfoques funcionalistas de la escuela norteamericana, con los enfoques semióticos e incluso con los de la escuela de Francfort. En esa separación, acercan en sus análisis al sujeto con su mundo de vida, con su contexto real y con su vida cotidiana, abordando los problemas de la cultura popular en su relación con la cultura masiva.
En 1990, el mexicano Néstor García Canclini profundiza la propuesta con su teoría sobre los procesos de” hibridación cultural”, donde rompe con las visiones dualista utilizadas para explicar la relación de las clases subalternas con la cultura masiva para ayudar a comprender los procesos de seducción que los medios y sus mensajes ejercen sobre los receptores.
El concepto de “negociación” asomado por Habermas, ayuda a entender como se produce un encuentro entre lo popular y lo masivo implicado por convergencias y divergencias entre el receptor y el mensaje, y cuáles son las posibilidades reales de los usuarios para subvertir la cultura masiva, lo cual lleva a García Canclini a proponer, desde la antropología, el concepto de “culturas híbridas” estrechamente vinculado al concepto del sociólogo francés P. Bordieu de consumo cultural como espacio de producción de sentido a travesado por relaciones de poder.
A partir de Canclini , los estudios de recepción crítica, aunque nacieron apoyados en los aportes de los estudios culturales europeos van más allá, al vincular la comunicación con la cultura para abordar los problemas de la significación desde nuestro contexto social y político. También se produce un distanciamiento con las concepciones clásicas que predominaron desde Europa y Estados Unidos sobre la recepción entendida como una actividad totalmente autónoma ejercida por el receptor en su encuentro con el texto.
La particularidad de la visión latinoamericana en cuanto a los procesos de significación debe bastante a la noción de “mestizaje” destacada por Martín-Barbero y, especialmente, por García Canclini en sus análisis, quienes insisten en la relación híbrida que tiene lugar cuando las culturas populares de nuestra región en su encuentro con la cultura masiva desarrollan relaciones de resistencia pero también en sumisión frente a ella; así como a los conceptos antropológicos de “frentes culturales” y “campos culturales”, entendidos como los espacios desde los cuales las clases subalternas construyen su vida cotidiana mediante procesos simbólicos a travesados por múltiples mediaciones.
Concretamente, Martín-Barbero reenfoca la óptica de la corriente de la recepción crítica, al reelaborar el concepto de mediación simbólica más no mediática, a partir del mundo de lo vivido, es decir del espacio real y cotidiano desde el cual las clases populares reinterpretan los mensajes masivos, y al hacerlo ayuda a que la teoría de las apropiaciones críticas, como más se le conoce en América Latina, se vuelva mas concreta y acorde para buscar repuestas al fuerte impacto de la cultura masiva en nuestras poblaciones.
Los estudios empíricos posteriores de Orozco, Fuenzalida y Hermosilla, Cornejo y el mismo Martín Barbero ayudaron a visualizar mejor como las mediaciones determinadas por el género o sexo, la edad, la etnia o raza, el origen social, la geografía y la residencia, intervienen en la resemantización que realiza un receptor concreto e histórico. Al haber acudido en esos trabajos a disciplinas como la etnografía, la antropología, la historia, la sociología política, la sociología urbana; la investigación de la comunicación latinoamericana dio un paso importante en la búsqueda por un acercamiento multidisciplinario realmente original que contribuyó a llenar el vacío teórico que tenían los estudios de recepción iniciales, aunque todavía tiene que enfrentar el desafío de pasar de la teoría de las mediaciones a una teoría de la producción social de sentido en nuestras sociedades contemporáneas que permita comprender cuáles son los mecanismos a través de los cuales éste es institucionalizado.

3. LAS NUEVAS PROPUESTA TEORICAS, LAS REVISIONES CONCEPTUALES Y LOS DESAFIOS TEORICO-METODOLOGICOS.

3.1. Las revisiones conceptuales necesaria frente al proceso de globalización se han dejado sentir como una necesidad a partir de mediados de los años ochenta, desde el campo de lo social y de la cultura. Aunque la globalización es un concepto de vieja data (siglo XVI) y ha significado el conjunto de estrategias de las sociedades europeas por extender sus imperios a otras regiones, en la década de los noventa es cuando comienza a adquirir las características de integración globalizada que interesan destacar en este artículo, y que hacen relación a un reordenamiento de las relaciones económicas en un mercado interconectado por encima de las fronteras nacionales y a la fusión entre las grandes multinacionales de los sectores puntas de la economía mundial amparadas en un neoliberalismo a ultranza que amenaza a la autonomía de cada estado nación.
En los términos anteriores, la globalización ha sido entendida fundamentalmente en su dimensión económica-financiera, sin embargo la etapa expansiva de la globalización responde a un reordenamiento no sólo de las relaciones económicas, sino sobre todo de las políticas, sociales y culturales y a este nivel obliga a replantear el concepto para pensarlo como un proceso múltiple, de integración/fragmentación que involucra no sólo a las naciones sino a sus gentes, su cultura, sus ideas y sus formas de organización política. Por ello, la globalización no es homogénea y no progresa armónicamente sino de forma desigual sobre todo en lo que atañe a su dimensión política y especialmente en lo cultural, donde abre un espacio descentrado, multicultural que plantea grandes desafíos a las teorías que conciben a la globalización como un espacio homogéneo susceptible de ser abordado por una teoría que no considera la pluralidad, la diversidad y la diferencia como características estructurales de la misma.
Las nuevas dimensiones políticas y culturales agregadas a los procesos de integración económica, insisten en el recrudecimiento de los desajuste y exclusiones, en la interdependencia en una sociedad de riesgo mundial que a pesar de estar siendo pensada como de “pensamiento único” por los agoreros del neoliberalismo, evidencia con mayor fuerza los problemas de la cultura, de la participación de la sociedad civil en los asuntos políticos y sociales de interés público y grupal.
El reconocimiento de la acción de estas otras dimensiones vuelven más complejo el concepto de globalización, que en su encuentro con el espacio cultural plantea conflictos y tensiones entre la denominada cultura planetaria y las culturas nacionales y locales (Ortiz, 1994), lo cual ha llevado a autores como Moneta (2000) y Mattelart (1997) a proponer alternativas conceptuales tales como “globalidad”, el primero, y “mundialización”, el segundo. Para Moneta, la globalidad es más amplia que la globalización y no solo alude a las relaciones económicas sino a la totalidad de las relaciones sociales que en una sociedad mundial adquieren características de pluralidad y diferencia más que de integración. Mientras que Mattelart plantea la mundialización para hacer énfasis en lo cultural, en las heterogeneidades que surgen en el cruce de las culturas locales con la global y para redimensionar el papel de la sociedad civil en la configuración de un espacio-mundo a travesado por relaciones sociales múltiples que conforman una ciudadanía mundial.
En el plano cultural, los grandes riesgos de una uniformidad en los procesos de información y de comunicación mediante las nuevas tecnologías, están volviendo estratégico el concepto de “identidad cultural”, entendido como el lugar donde tiene lugar el mestizaje, la heterogeneidad y la diversidad de culturas.
Por todo ello, la reformulación de lo que se entiende por “globalización” y la llamada de atención sobre los problemas culturales que ella conlleva y sobre el tema de la identidad cultural, deberán partir de entender a esta última más que como una integración como una convergencia donde tengan cabida tanto lo que homologa como lo que separa a las culturas y grupos sociales.
En la época de la información y de las nuevas tecnologías, lo cultural pasa a jugar un papel fundamental y en su vinculación con las comunicaciones multimedias y audiovisuales nos habla de una vuelta hacia las subjetividades, que en este cambio de época posmoderno nos coloca en un espacio globalizado poco tranquilo, lleno de contradicciones, de asimetrías y fuertemente penetrado por las relaciones culturales y sociales y no meramente económicas o comerciales.

3.2. Los enfoques conceptuales sobre la Sociedad de la Información y la caracterización de los cambios introducidos por las tecnologías en los procesos de comunicación y en los medios masivos.

A mediados de los años ochenta y durante toda la década de los noventa, en el panorama de la investigación de la comunicación comienza a aparecer un interés por estudiar todo lo relativo a las TIC y sus impactos en diversos órdenes de la vida social. El estudio de lo relativo a la sociedad de la información y sus consecuencias sobre la comunicación ha despertado la aparición de distintas teorías: una apologéticas, otras apocalípticas.

3.2.1.En el marco de este trabajo, como producto de la revisión de estas diversas posturas se ha llegado a proponer la necesidad de entrar a reformular los conceptos utilizados para caracterizar a este tipo se sociedad. Cuando en los ochenta se aludía a la sociedad de la información se hacia referencia básicamente a una sociedad fundamentada en el uso de la informática y del texto escrito porcesado electrónicamente, que permitía la conexión entre máquinas para hacer posible al usuario tener acceso a la información contenida en bases de datos, la cual era portadora de una idea que había sido procesada por otros para un usario final.
En los años noventa, gracias a la aparición de las redes interconectadas y los recursos hipermedias, se ha producido un cambio fundamental que potencia las relaciones o intercambios humanos más que la mera búsqueda de información; mediante Internet las personas entran en experiencias y vínculos de comunicación bastante parecidos a los contactos personales cara a cara pero mediados por computadoras interactivas. Esta nueva posibilidad obliga a hablar de sociedad de la comunicación como una nueva caracterización de un tipo de sociedad que se vale de las TIC y sus recursos telamáticos para vincular a las personas independientemente de su ubicación espacial, geográfica o temporal.
La evolución de las potencialidades de las aplicaciones de las TIC por parte de los humanos, está añadiendo nuevos rasgos que llevan a muchos teóricos a hablar de que en el siglo XXI se irá conformando una sociedad del conocimiento, denominada como del ingenio humano, del aprendizaje donde las personas en su interacción con las máquinas y con otras personas a través de éstas podrán producir conocimiento a partir de la disponibilidad de informaciones que permitirán al individuo contextualizarlas y aplicarlas para resolver problemas de su entorno. Concebidas así las TIC ayudarán a los usuarios a desarrollar procesos de aprendizaje y a potenciar su intelecto,sobre todo las computadoras inteligentes de quinta generación, que interacturán con el humano en una relación bastante cercana a la que se produce entre dos personas.
La tendencia futura parece ser pues a que evolucionemos de la sociedad de la información a la sociedad de la comunicación y del conocimiento, donde las relaciones simbólicas tendrán prioridad. Ello parece ser lo que ha despertado la atención de los estudios de la comunicación en los últimos cinco años hacia el problerma de la constitución de un nuevo tipo de sociedad virtual, la Cibersociedad (Piscitelli, 1995), posible a través de las redes virtuales y donde muchas personas pueden establecer vínculos de cooperación, solidaridad y comunicación mediante flujos horizontales y con mayor autonomía que la que permiten las formas clásicas de comunicación por los viejos medios. También dichos estudios hacen enfásis
en los aspectos culturales y sociales que originarán esas relaciones virtuales y en cómo se podría aparicer una cibercultura global, inrteconectada y soportada en la World Wide Web (WWW), que le permita al usario experiencias y enlaces múltiples y que irá progresando hacia conexiones en forma de teleraña soportadas más que por texto escrito por imagénes multimedias y el audiovisuales, hasta lograr la confluencia total entre las computadoras y la televisión. Cuando eso sea posible, indudablemente que aparecerán otros problemas y fenómenos a estudiar sobre la televisión y sobre las TIC.

3.2.2. La necesidad de revisar las conceptos y tipologías sobre las TIC, en los años ochenta se pensaba que estas tecnologías era nuevas porque se insistía sobre todo en su significado económico y tecnológico, es decir en su aspecto novedoso. Autores como Saffar(1989) y Roncagliolo(1997) cuestionaron esta noción por considerar que dichas tecnologías no eran del todo nuevas porque muchas de ellas como el cable y el vídeo tenían dos décadas y más de haber salido al mercado. El cambio que se produce es debido a su popularización y gran difusión, a su bajo costo y a la convergencia tecnológica que facilitó la oferta de servicios integrados cuando antes se ofrecían separadamente (telefónos y datos, telefónos y TV).
A principios de los noventa, se comienza a denominarlas Tecnología de la Información y la Comunicación y se insiste más en las consecuencias de su uso y aplicación y en sus potencialidades para resolver problemas y tomar decisiones (Pineda, 1996), pero no se toca las ventajas que ofrecen para favorecer relaciones de comunicación a distancia.
En 1995, Nicolás Negroponte las califica como medios digitales o tecnologías basadas en bits numéricos o soportes inmateriales y abstractos y no en átomos o soportes físicos, poniendo el acento en los aspectos técnicos favorecidos por las redes de banda ancha. Posteriormente, Armanzañas, las típifica como medios electrónicos para destacar no sólo su forma de presentación en bits sino su forma de producción electrónica y su forma de distribución on line, para lo cual se requiere de las telecomunicaciones.
Pero, sus características interactivas son destacadas por autores como Meyer, quien en 1995,las denomina Comunicaciones Mediadas por computador (CMC), y resalta su capacidad para permitir la inteactividad y por ende la actuación del usuario, destacando más que lo técnico sus posibilidades para las relaciones de comunicación a distancia y resaltando cómo eso puede modificar la naturaleza de los modos de comunicación entre los humanos, haciendo posible la bilateralidad y el intercambio de roles entre el emisor y el receptor, mediante diálogos en formas síncronas en tiempo real o en tiempo diferido. Meyer tipifica varias formas de interactividad a través de las computadoras: la informativa (búsqueda de información suplementaria), consultiva (acceso a bancos de datos), comunicacional (contactos con otros ) y transacional (operaciones de compra-venta a través de los sites), pero abre el camino para el estudio de los nuevos modos de interacción mediante máquinas informáticas.
En 1996, el canadiense J. Cloutier habla de un sistema audioescritovisual que integra materiales escritos, sonoros e icónicos en uno sólo y que Armañanzas define como hipermedias o multimedia que permite una nueva forma de configurar y enlazar las ideas no secuencialmente, como el texto escrito, sino por enlaces y links o hipertextos. Esta categorización se concibe como más cercana al pensamiento humano que es más holístico y globalizador; con este concepto se introduce un cambio de perspectiva sobre le estudio de estas tecnologías que comienzan a ser vistas con una naturaleza diferente a la del texto escrito y el pensamiento lógico formal.
Posteriormente, el argentino Piscitelli (1996) introduce la noción de cibermedios, para referirse a unos medios virtuales que a través de Internet permiten relaciones interactivas entre los humanos. En este concepto se destaca más la dimensión sociológica del acto de comunicar que en el de hipermedia y se aoma las posibilidades que tienen las personas de pertenecer a comunidades virtuales, no reales, a distancia, y de poder llegar en un futuro muy cercano a comunicaciones totalmente virtuales, gracias a la inteligencia artificial, entre máquinas y humanos, al hacer posible relaciones híbridas entre el cerebro humano y el computador.
Todas estas tipologías demuestran que las TIC reunen varios rasgos, que las diferencian de los medios masivos, son telemáticas, digitales, electrónicas, interactivas, hipermedias y cibermedios. Además ratifican que no existen definiciones acabadas, ni excluyentes para caracterizarlas, sino que más bien se superponen. Esta investigación propone una visión integral de las TIC segun la cual, el uso de una noción u otra dependería del criterio desde el cual se trabaje el concepto (tecnológico. social o relacional) y del elemento que se desee destacar.

3.2.3. El abodaje de los cambios en los procesos de información y de comunicación, se ha convertido en una necesidad a partir de la conversión de la red Internet en un soporte que favorece los contactos humanos a distancia, las transacciones comerciales y las conexiones entre y con máquinas interactivas.
Y aunque a la red no se le ha reconocido todavía como un nuevo medio de comunicación, sí ha ayudado a revelar las limitaciones de los viejos medios (no interactividad, poca capacidad para dar cabida a informaciones más completas y variadas).
Según J. Cloutier, las comunicaciones a través de las computadoras y las redes son diferentes a los contactos cara a cara y a los contactos mediante los medios masivos. Por una parte, para interacturar y establecer diálogos con otros no hace falta la proximidad física, ni estar en el mismo tiempo real y aunque muchas veces, se pierde la privacidad, la inmediatez y la espontaneidad del contacto cara a cara, se gana en simultáneidad de contactos múltiples y en libertad de acción del sujeto libre de censuras y con garantías de anonimato. Por la otra, no hace falta recurrir a los medios de masas para informarse o para recibir mensajes en grandes cantidades y mantenerse actualizado, o para entretenerse o divertirse.
Las TIC pueden hacer converger ambos modos de comunicación y están modificando sus esquemas de comunicación ya que a través de las computadoras conectadas se puede establecer relaciones interpersonales bilaterales (entre dos personas), entre una persona y un medio interactivo (CD-ROM) o muldimensionales y escalonadas (muchas personas a la vez, en las videoconferencias o chats). Por lo que están cada vez más desdibujando los límites que separaban los vínculos personales de los de la comunicación masiva y están abriendo el panorama comunicacional hacia un espacio no sólo virtual y electrónico sino descentrado, multipolar y escalonado donde tiene lugar la conformación de redes sociales con altos lazos de solidaridad y pertenencia, definidas por Lull (1997), como relaciones sociales mediadas por computador (RSMC).
Esa realidad para constuir lazos culturales y desarrollar identidades está despertando una interrogante a los estudiosos de la comunicación, ¿podría considerarse a internet como un nuevo medio de comunicación social?. Al respecto, el investigador argentino Eliseo Verón (1997) señala que no solo hay que tomar en cuenta los aspectos técnicos sino su impacto sociológico, sus usos sociales en un contexto histórico, su incidencia en los procesos sociales, por lo que todavía es muy pronto para denominar a internet como un nuevo medio de comunicación social.
La propuesta que esta investigación hace a esta polémica se centra en el hecho de insistir en que en la actualidad es más provechoso emprender las revisiones conceptuales y de categorías utilizadas en los estudios de comunicación y en los modelos clásicos.
Aunque muchos teóricos hablan de la necesidad de emprender una revisión teórico-metodológica de los basamentos de las ciencias de la comunicación y otros se preguntan sí se debe recurrir a la epistemología o no, porque la ven como propia del pensamiento racionalista, o si se puede hablar de una teoría general de la comunicación, este trabajo considera que es preferible hablar de estudios de comunicación y reconoce que si bien la investigación de la comunicación ha realizado revisiones de viejos conceptos y de algunos modelos teóricos, no se han formulados nuevas propuestas realmente diferentes.
En virtud de que nos encontramos en un momento de búsqueda, de reconceptualizaciónes, apenas nos referiremos a una pequeña parte de las revisionespor emprender en los estudios de comunicación:
En primer lugar, el concepto de información para abarcar no sólo a la de tipo noticioso sino a aquella contenida en los bancos de datos, portadora de saber, conocimiento especializado, científico, tecnológico (información -saber), que a través de las TIC ofrecen al usuario nuevos modos de accesso a mútiples informaciones, con las cuales puede interacturar, una información-comunicación más holística y globalizadora que no se agota en su mero consumo sino que sirve para tomar decisiones, para producir conocimento a partir de una información contextualizada.
En segundo lugar, el concepto de comunicación humana, que con las TIC no queda limitada a sólo los contactos cara a cara y a la comunicación oral, las computadoras permiten hablar con otros a distancia mediante mensajes escritos u orales, y aunque no ofrecen las posibilidades de espontaneidad, control de las reacciones de la comunicación directa abren otras posibilidades de interaccción entre los humanos en una aproximación del texto escrito con las conversaciones orales, instaurando incluso signos gráficos para expresar estados de ánimos (emoticones), dando lugar a la aparación de un nuevo lenguaje alternativo, no convencional que cada vez gana más adeptos sobre todo entre los jóvenes y personas solitarias con pocos contactos interpersonales, quienes establecen relaciones frecuentes a través de internet con otros y forman comunidades con fuertes lazos emocionales.
Debido a que las CMC permiten procesos de comunicación híbridos y han hecho que las comunicaciones personales ocupen los espacios que antes eran exclusivos de las comunicaciones masivas, resulta vital analizar el fonómeno de comunicación mediante las computadoras con una visión de totalidad. Al respecto, el canadiense J.Cartier (1992) plantea el concepto de "comunicación multiescalonada", que abarcaría a la difusión masiva (de uno a muchos); a los contactos interpersonales por la red (one to one), como los talk y los e-amil; a los intercambios múltiples entre personas (many to many), como los chats, las listas de discusión, las videoconferencias, y a las experiencias entre un emisor centralizado y muchos receptores (one to may electronic), como las consultas a bases de datos, las teleconferencias, las revistas electrónicas,el acceso a páginas web.
Ese conjunto de experiencias reflejan una multiplicidad de procesos que desbordan la posibilidad de un paradigma de la comunicación único y abren el panorama a experiencias de interacción de hombre a hombre, de hombre/máquina/hombre, de hombre/máquina y de máquina a máquina. Este conjunto de alternativas también altera las relaciones clásicas entre el emisor y receptor, basado en un contrato bipolar y separado entre ambos, para dar paso a un nuevo paradigma de la comunbicación dialógica e interactiva, que según el autor J. Cloutier sería el proceso EMEREC, mediante el cual pueden darse intercambios recíprocos entre ambos polos pero donde participan muchas personas distantes físicamente.
En tercer lugar, el concepto de receptor ahora remite al de usuario, entendido como un sujeto creativo, activo, con más libertad de decisión, con capacidades par el diálogo y con capacidad de producir sentido en diversas opciones: como comunicador interpersonal, como integrante de comunidades virtuales, como navegante de la red.
En términos de lo señalado por Mayer(1997), el usuario adquiere poderes y funciones múltiples en las comunicaciones a través de las computadoras, involucrándose en diversos flujos de comunicación (alocutivos, conversacionales, consultivos, de registro) y en diversas formas de comunicación humana (dialógicas, monológicas, teleológicas). Esa nueva realidad ubica el problema del sujeto como el lugar central dentro de una teoría de la comunicación contemporánea, que comprenda las derivaciones subjetivas y éticas de los modos de interacción con las máquinas y no sólo las de carácter técnico y que obligan a pensar en la necesidad de recurrir a un paradigma hermenéutico cultural (Desiato, 1998).
En el concepto de mensaje